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El post épico en tres partes sobre Franco Battiato: Gli Anni 70

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‘¡Franco! ¡Franco! ¡Fran…! Eeerr… ¡Battiato! ¡Battiato!’

Esta bella vicisitud que se produce en los conciertos españoles de este grandísimo onvre es solo uno de los aspectos sórdidos de este grande de la música. Para la mayor parte de vosotros, la palabra Battiato os evocará tres cosas:

1- Cantautor culto.
2- Nariz grande
3- La parodia de Martes y Trece de ‘Yo quiero verte danzar’.

Y las tres son buenas descripciones. Pero faltaría una: sórdido. Explicar la magnitud de la chunguez / grandeza de Franco Battiato es un trabajo complicado. Por eso le vamos a dedicar tres entradas que glosarán cronológicamente su carrera. Os aseguro que se lo merece. Empecemos, al contrario que González Iñárritu, por el principio.

La primera cassette que me compré en toda mi vida fue ‘Nomadas’, segundo recopilatorio de Battiato editado en español. La falta de criterio de la juventud llevaba a la mayoría a adquirir lo que salía en los 40 subnormales. La mía me condujo a este señor tras ver una actuación de tres canciones en ‘Tocata’. La primera, como no, era‘Yo quiero verte danzar’. Sin embargo, fue ‘La era del jabalí blanco’ la que me fascinó. Nunca antes había escuchado un estribillo en el que las sílabas se pelearan a hostias con la melodía principal de aquella manera. Antes de que el insoportable de Alejandro Sanz se empeñara en meter más palabras de las que caben en una frase musical, las adaptaciones al español de Battiato no sólo se atropellaban en cada frase, sino que además decían ‘Espero que retorne pronto la era del jabalí blanco’. Lo cual nos lleva a otra pregunta esencial: ¿qué puñeta le importaba a un niño de 9 o 10 años que una gente en Túnez esperara la era del jabalí blanco? ¡Si mi único referente cultural del tema porcino era Obélix!

Flash-fordward siete años más tarde. Otro recopilatorio, ‘Ecos de danzas sufí’, llega a mis manos. Fue entonces cuando escuché las frases más gloriosas que puedan ponerse en una canción. La navaja en el ojo se encargará de glosar en profundidad las inmensas y sórdidas letras de Battiato en los 80 durante su etapa hard-casio. Sólo un anticipo. No era la más chunga (‘Yo prefiero la ensalada a Beethoven y Sinatra / a Vivaldi uvas pasas, que me dan más calorías’). Ni siquiera la más what the fuck (‘El sibarismo asiático / testigo dionisiaco / La lucha pornográfica / de griegos y latinos’). El verso que me fascinó fue ‘Las barricadas se alzan por cuenta siempre de la burguesía, que crea falsos mitos de de progreso’. Tanto que durante el resto de mis tiempos de instituto y facultad puse esa frase en un exámen por trimestre. Fuera la materia que fuera (de ahí que normalmente estuviera atribuida al insigne e inexistente filósofo/ escritor/ economista/ historiador George Hamilton).

Sin embargo, no fue hasta que mi hermano me trajo de italia unos años después un recopilatorio de sus primeros discos que descubrí la faceta menos conocida de Battiato: sus años como compositor experimental y, sí amigos, progresivo. Y todos los que han escuchado a Rick Wakeman sabe todo el bagaje que lleva esa palabra.

El amigo Franco comenzó en los años sesenta como artista de ‘canción ligera’. Viendo las fotos del buen señor, sobre todo en su juventud, podemos deducir fácilmente que como cantante romántico tenía menos futuro que un español en Eurovisión. Así que decidió meterse a artista experimental. Empezó a andar en malas compañías (sintetizadores y grupos de rock progresivo) y engendró su primer LP, ‘Fetus’. Una cosa experimental y conceptual. Algo sobre el hombre y la máquina. O no.

Luego llegó ‘Pollution’, que para muchos es una cumbre del género en Italia. El muy malandrín comenzó a demostrar que era capaz de generar las melodías más pegadizas jamás perpetradas y mezclarlas con ruidos extraños y letras como ‘Y se obtiene multiplicando / la sección perpendicular / de la velocidad que tiene el líquido’. Y tuvo éxito, aunque al él no le dejó de chocar todo un auditorio de gente cantando semejante parrafada con la entrega de un fan de los Rolling Stones. Así que se radicalizó. Y empezó a hacerse minimalista. Varios discos más tarde, semejante depravación llegó a su punto de no retorno con ‘Egipto antes de las arenas’ un atentado al comprador con sus dos temas de 20 minutos compuestos cada uno por un solo acorde. En serio.


En vista que ya no podía llamar más la atención con estas cosas, y que lo de comer es un feo vicio que tenemos los humanos, nuestro héroe se replanteo su carrera y decidió hacer un disco comercial. Pero esa palabra en Battiato no significa lo mismo que aplicada al resto del mundo. ‘La era del jabalí blanco’ abre su etapa de popularidad masiva, letras depravadas, melodías impagables y bailes espantosos, cuando Napiatto demuestra que se puede ser sórdido, no caer la zafiedad gratuita y hablar de Nietzche al mismo tiempo. A la espera de la continuación, os dejo un impactante avance visual de nuestro hombre interpretando a Steve Urkel.

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