Sórdido y fresco

No temáis: Paul Verhoeven sigue siendo el gran maestro de la vicisitud y la sordidez

Después de leer los comentarios en el último post de autobombo de Paco Fox, detecto un cierto nerviosismo en torno a la largamente esperada nueva película de uno de nuestros sórdidos favoritos: Paul Verhoeven. Nerviosismo lógico, después del monumental chasco que fue lo último del gran Brian. Así pues, is Zwartboek any good? Sí, sí que lo es. ¿Sigue siendo Paul un referente ineludible en el mundo de la vicisitud y la sordidez? No os quepa la menor duda.

Es difícil explicar todas las emociones que se te agolpan ante el visionado de una película de la belleza ética y visual que tiene Zwartboek. De hecho, lo más sabio que muchos podrían hacer es dejar de leer este post y empezar a comerse las uñas hasta que, el 2 de febrero, se estrene en las más sórdidas pantallas. Para los que no tengan esa santa paciencia, allá van mis impresiones intentando no hacer una oda al spoiler del calibre del mítico post “¡¡¡Era yo!!!”. (By the way, el 9 de marzo se estrena un “¡¡¡Era yo!!!” aunque no voy a decir su título).

Zwartboek es un film rodado de forma sumamente clásica, algo extraño en Paul pero que, sin embargo, consigue que nos creamos la estética de la Segunda Guerra Mundial a la perfección. Recuerda en ciertos aspectos a la soberbia Soldaat Van Oranje, pero esta vez es el turno de Carice Van Houten en vez de Rutger Hauer y, perdonadme si sueno blasfemo, todo eso que hemos ganado. Carice entra por la puerta grande en el panteón de grandes heroínas de Paul: consigue superar de calle a Keetje Tippel (esta vez Paul sí que tuvo el presupuesto del que carecía entonces), hacernos olvidar a la desafortunada, ñoña y desagradable Elizabeth Shue y, lo que causa aún más maravilla, Carice podría tomarse un café con Nomi Malone y Crystal Connors. Quien me conoce sabe que no me tomo el nombre de la estratosférica ‘Showgirls’ en vano. Yo soy aquel que, a la salida del cine se agarraba a las farolas intentando emular, sin suerte, las bellísimas acrobacias de Elizabeth Berkley. Feck, yo soy aquel que dijo que, al lado de ‘Showgirls’, ‘Eva al desnudo’ era una ponzoña similar a ‘Apocalypto’.

En Zwartboek hay nazis, resistencia holandesa, judíos asesinados y mucha sed de sangre y venganza. Claro que, quien conozca a Verhoeven, sabe que no va a ver una historia de buenos y malos. De hecho, el personaje más positivo de la película – aparte de Carice, claro – es Müntze, el oficial nazi a cargo de controlar y exterminar a la resistencia. Sus dos escenas de sexo con Carice son memorables, incluyendo una de las erecciones más sórdidas vistas en el cine desde la gran ‘París Tombuctú’. Aunque, claro, puede que palidezcan ante el plano detalle de Carice tiñéndose el coño de rubio para ocultar su orígen judío. Momentos como ese son los que hacían que el público norteamericano torciese su gesto, lamentando no estar ante un remake de la simplona, overlong y gilipóllica ‘Schindler’s List’. Qué le vamos a hacer, si quieres maniqueísmos meapílicos, Spielberg es tu director, pero Paul – y antes Polanski en una cumbre del Dillingerismo – demuestran a Steven que lo suyo es filmar dinosaurios sin más pretensiones (no por las pelis en sí, sino porque me aportan material para seguir con el ‘Carlosaurio’, qué os creíais).

Los chistes incorrectos abundan en la película, normalmente adornados con escenas de acribillamientos y escudos humanos que nada tienen que envidiar a ‘Desafío Total’. Pero, tal vez lo mejor de la película, es que no acaba con la derrota nazi: una vez ésta se produce, la película prosigue con un implacable cuestionamiento de los “vencedores” en escenas no aptas para meapilas ni para quienes no sean fans de la caca. Sí, de la caca: la cantidad de excrementos por segundo que se produce en el momento más demencial de Zwartboek no es para todos los paladares, pero es un momento de los ‘worth the admisión price’ y, probablemente, la escena escatológica remueveconciencias del año (Abu Grahib o Guantánamo anyone?).

Sólo por eso, hay que matar por ser el primero en la cola de Zwartboek, pero, además, está esa habilidad de Verhoeven para contar historias, para relatarte TANTAS cosas que parece que las dos horas y cuarto del film parezcan dos minutos – aprende, Steven, en vez de torturarnos con ‘Munich’ – y, sobre todo, para regalarnos un personaje tan impagable como el de Waldemar Kobus, actor que merece convertirse en fetiche para sórdidos… ¡¡¡¡YA!!!! Su desnudo frontal eclipsa al bañador de Borat, con eso lo digo todo. Colgad un póster de ese onvre en vuestro cuarto, os permitiré demandarme por daños psicológicos. Que esta peli no se lleve prácticamente TODOS los oscar de este año demuestra por qué los USA es el país en el que se reeligió a Bush. Sólo espero que España sea el país que le dé a Paul el taquillón que se merece en este su regreso triunfal a la vicisitud. Y a la sordidez, por supuesto.

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