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Mi novia está explotada en el trabajo y yo me aburro mucho: Las pelis post-apocalípticas italianas

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Efectivamente. Justo después de acabar el master, mi novia ha entrado a trabajar en una empresa de publicidad famosa por hacerle a sus trabajadores lo que el resto del mundo querría hacer con Scarlett Johansson.

Una gran oportunidad para volver a regodearme en mi chunguez y seguir viendo películas espantosas de mis tiempos de videoclub. Porque recordémoslo: lo importante de las pelis cutres de género de los 80 era lo mucho que se curraban las carátulas, y eso se queda en la mente de un chaval cual canción de Milli Vanilli.En principio, el objetivo era concluir el repaso a las películas de bárbaros de mi infancia. Pero la experiencia de ‘Hawk the Slayer’ fue más de lo que un ser humano está dispuesto a auto-inflingirse. Porque una cosa es que los italianos entreguen bazofia tras bazofia. Pero de un film inglés de recuerdo nebuloso puedes esperar una cierta solvencia. Pues no. No sólo tiene la misma originalidad que un capítulo de Benny Hill, sino que encima gasta menos dinero que uno de ‘Dentro del laberinto’. Sólo que en lugar de estar todo rodado en cuevas de cartón piedra, se nos deleita con planos del mismo bosque atrezado con dos o tres mesas. Por no olvidar el lado actoral. El protagonista tiene menos registros emocionales que Keanu Reeves haciendo de sonámbulo (y, a pesar de eso, ha seguido teniendo trabajo: actualmente es el padre de Jack en ‘Perdidos’). Pero la pena más grande es ver a Jack Palance, una vez más, con un gorro de carnaval. Después del retrete portátil de ‘Outlaw of Gor’, el nuevo villano interpretado por el fallecido ganador del Oscar se ve forzado a llevar una escupidera con una espumadera pegada a un lado. Que, por si a alguien le interesa, le sirve para tapar su desfigurado rostro, el cual es lamido a distancia por medio de rayos láser por un demonio todopoderoso que no hace nada en toda la película. Toma ya.

Pues bien. Esta experiencia descorazonadora hizo que cambiara de planes. Dejando a un lado un ramake bárbaro de Yoyimbo con David Carradine y una coproducción hispano-americana con absolutamente nadie, decidí volver a los italianos. Porque de esos siempre me espero, de entrada, lo peor y no puedo llevarme desilusiones.
Pero el ciclo de barbaridades encontrables por Internet estaba un poco agotado, y, a la espera de tener la ignota ‘Thor el conquistador’ en mi disco duro, volví la vista a otra serie de películas que nuestros amigos sórdidos perpetraron con la misma voracidad a principios de los 80, justo un año antes de la fiebre de Conan…

En 1981 se estrenaron dos filmes esenciales en la historia del cine fantástico futurista: ‘1997, Rescate en Nueva York’ y ‘Mad Max 2’. Esenciales no sólo por su calidad, sino por lo que supusieron para varios productores de serie Z a lo largo y ancho del mundo: dos ideas fácilmente plagiables tanto por separado como combinadas. Y eso es algo muy importante, por el daño neuronal que causó en una generación de chavales que acudía hambriento de producto a los antiguos videoclubes. Como yo.
En Estados Unidos, la fiebre ‘Mad Max ‘2 dejó sendos clásicos del cine espantoso. Por un lado, la mítica ‘Megaforce’, que confieso no haber visto, pero que siendo del director de ‘Los Caraduras’ sólo puedo esperar un buen cachondeo. Por otro, ‘Cazador del espacio (Aventuras en la zona prohibida)’, que no es tan mala y que, encima, era en 3D. En el mismo formato se rodó ‘Metalstorm, The Destruction of Jared-Syn’ (¿no es un título adorable?), la cual venía con la garantía de Charles Band. Y con ‘garantía’ quería decir ‘líate la manta a la cabeza y échate a temblar’.
En Filipinas, el peligroso Cirio H. Santiago atacó con ‘Stryker’, finstro de poster memorable, pues comprendía perfectamente que la estética leather erótica de ‘Mad Max’ era lo que vendía más entradas. Una pena que no haya conseguido encontrar una foto. Lo mejor es que, al igual que cierto clon de combate de Tiburón que hizo Castellari, la peli era un plagio tal de la serie de George Miller (en vez de gasolina, faltaba agua, y, según cuentan, todo se solucionaba con un diluvio) que en España se distribuyó como ‘Stryker – Mad Max 3’

Y luego, están los italianos, que fueron capaces de esputar un buen puñado de películas en apenas tres años. Y muchos de los sospechos habituales del género entraron a saco. El panadérico Enzo G. Castellari (una vez más) nos dio su binomio del Bronx protagonizado por el amigo Mark Gregory, un tipo que parecía sacado de una portada de cassette de heavy de gasolinera italiana. Éstas bebían principalmente de ‘Rescate en Nueva York’ y, con todo, tenían cierto ritmo. Poco después, el avieso Joe D’Amato haría una especie de secuela apócrifa (atención: aprovechar el éxito de una película serie Z que fagocita el de otra americana. Joe tenía menos vergüenza que Borat) titulada ‘Bronx, Lucha final’. Lo cachondo es que probablemente sea su mejor película. Al menos, parece ser que era su favorita. Así que decidí empezar por ahí.
Porque tengo serias lagunas en esta serie de flims. Mi problema con todos estos clones fue de edad. Por si no se recuerda, ‘Mad Max’ fue una de las películas no eróticas que se ganaron una bonita ‘S’ en España. El resultado es que no pude ir a verla al cine. Naturalmente, también me vetaron la secuela y todo lo que oliera a copia de ésta. Así pasé media infancia fascinado por las portadas de estos películos, que prometían un mundo de aventuras y acción sin límite que no estaba a mi alcance. Desde aquí agradezco a mis padres la prohibición, pues si con esa edad me hubiese expuesto a otra cosa de Joe D’Amato después de Ator, habría acabado peor de lo que estoy.

Pero ahora puedo resarcirme y perder mi tiempo miserablemente recuperando estas perlas del pasado. Total, hay gente que se dedica a quitarse la espinita de acabarse juegos de spectrum y recreativas gracias a los emuladores. Lo malo es que yo también soy uno de esos.

De esta manera, no tardé en ponerme manos a la obra con ‘Bronx Lucha Final’, más conocida por Internet por el título americano de ‘Endgame’. Unos meses antes, D’Amato ya había cometido su irrupción en el género con ‘Anno 2020 – I gladiatori del futuro’ (que al menos tenía uno de los posters más chuletes de todos). Quizá intentando mejorar el resultado de aquella, probablemente por pura inercia, volvió a reunir a un equipo muy similar (hasta el punto de co-dirigir ambas con el amigo Luigi Montefiori, alias George Eastman, alias Gomia, alias el tipo alto de barba de las pelis chungas italianas de los 80) y, según dicen, se marchó a las mismas localizaciones (un cacho de desierto feo y una fábrica abandonada) para hacer su obra magna.
La idea principal de la película es la de un programa de televisión en una sociedad futurista, el cual es utilizado por el gobierno totalitario para aborregar al vulgo. En él, un grupo de gladiadores persigue a un concursante. Una trama que, si suena familiar, es porque es casi la misma que la novela (y posterior película) ‘The Running Man’, de Stephen King. Que, a su vez, era sospechosamente similar a una historia de un tal Robert Sheckley. ¿Plagio continuado o grandes mentes pensando igual? Da absolutamente igual.
Porque D’Amato pronto abandona la trama del juego y sale de la fábrica abandonada, quiero decir, de la ciudad en ruinas (esto es, los momentos ‘Rescate en Nueva York’) para entregarse a una aventura en el desierto con persecuciones, motos y monjes guerreros ciegos (salvo por lo último, los momentos ‘Mad Max 2’)
Y es ahí donde la peli cobra más vidilla. Se nota que esta vez, el amigo Aristide (verdadero nombre de Joe) se entregó más a su película. Se nota cierto cariño y no la mera intención de hacer un producto de explotación. ¡Si incluso sale Laura Gemser y NO ENSEÑA LAS TETAS!

¡Que estamos hablando de la mismísima Emanuelle negra (con una sóla ‘m’ por aquello de los pleitos por plagio), la cual seguro que, cual Valerie Astro, no salía en las películas vestida a no ser que lo exigiera el guión! ¿Quería D’Amato hacer un verdadero espectáculo para todos los públicos? ¿Es que iba en serio esta vez? Pues teniendo en cuenta sus declaraciones, puede que sí.
Pobre en la realización, triste en sus recursos y patética en su protagonista (el único hombre con menos labio que Kenneth Branagh), sospecho que ‘Bronx, Lucha final’ es, sin embargo, una película hecha con amor, por lo que podría ser de lo mejorcito y menos doloroso que me deparará esta nueva aventura en las entrañas de la serie Z italiana. Así de bajas tengo las expectativas.

Por lo tanto, he decidido seguir adelante con más títulos. El primero será, como no, una de Lucio Fulci: ‘Roma, Año 2072 DC, Los Gladiadores’, una cuya trama parece muy similar a la de ‘Bronx: Lucha final’. A continuación, tengo en parrilla ‘2019, tras la caída de Nueva York’, que, por lo que sé, será mi primer encuentro con el temible Sergio Martino. Que dios me pille confesado.

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