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La catarsis de la verbena: Ahora sí que sí… ¡Un respeto a la selección!

Allá va. Hoy cuento el sueño completo.

Estaba mi cuñado en Vilagarcía concentrado con la selección española de baloncesto. Con toda su jovialidad, le decía a Gasol “Ven conmigo, Pau, que sé un sitio de puta madre para tomarnos unas cañitas antes del partido”. De pronto, toda esta jovialidad se ve turbada cuando un ignominioso excompañero de piso – Cor – se le aparece ondeando al viento unas melenas donde otrora hubiera calva. “Hombre, Cor ¿Cómo tú por aquí?”. Cor le retira la mirada despectivamente y los dos sujetos que le acompañaban empiezan a llamar cabronhijoputa a mi cuñao. Turbado por tal comportamiento, mi cuñado señala el escudo de su chándal y dice. “¡Un respeto a la selección!”.

Y, como ya dije, desde ese día el respeto a la selección es algo tan sacrosanto como el respeto a Brian de Palma. Por eso, era impepinable el presenciar la final del mundobasket en el palacio de deportes – y la semifinal: si véis a alguien alto gritando xenofobieces de diversa índole hacia la asquerosa selección argentina “¡¡¡Era yo!!!”-. Sé que mi talante nada deportista me hace merecedor de que me llamen oportunista. Pero no se trata de apuntarse al éxito deportivo: se trata del respeto a la selección. Esta victoria es de mi novia y su hermana (que tienen una foto con Yannakis en la época en que jugaba y no se desesperaba como entrenador de Grecia) y de mi cuñao, que echó su lagrimita en la final mientras mi hermana me llamaba con el único mensaje de “¡Un respeto a la selección!”.

Grandes días, sí señor. En medio del furor sórdido – retratado en esta foto donde estamos Paco Fox y un servidor de ustedes – me dan pena no sólo los necios que no conocen el respeto, sino también aquellos nacionalistas que, en vez de despelotarse con la masa gritando coplas de Manolo Escobar – protagonista de nuestra idolatrada película “For Sale” – y demás sordideces, sólo pueden enarcar la ceja y expresar su mismidad con bailes regionales tan aburridos como machistas o con gaitas desafinadas (ah… ese gaiteiro yonki de Vigo, ya le dedicaré un artículo…). En suma, esa gente triste que no puede llenarse la boca de España mientras lamentan que Gasol no sea un gilipollas como Guardiola. Pues que se jodan. Como decían Faemino y Cansado “¡¡Éspaña!! ¡¡Españá!! ¡¡Espáña!!”. Y a corear todos lo que, en la final, se demostró que era el auténtico himno español: Paquito Chocolatero. Esa catarsis de la verbena desde donde construir una identidad nacional. Un orgullo por ser sórdidos y no nacionalcatólicos. aA palabra “España” no es ni será patrimonio de los capillitas que tienen que ver cómo los gays, en este país, se casan ante sus narices. La palabra “España” no es propiedad de los que ven cómo el PP no remonta en las encuestas. “España” es propiedad de mi cuñado, mi novia, su hermana y de toda la gente de bien que la usó para respetar a la selección. Y no lo digo yo, que también lo dice Hans Magnus Enzensberger.

Pa quien no pillara lo de “Paquito Chocolatero” como catarsis de la verbena, he aquí el video que lo explica y demuestra por qué hay que huir de los bares timofashion catalanes y refocilarse toreramente con la selección:

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