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El idioma mundial

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No, no es el esperanto. Eso lo inventó un polaco y, como todo lo que hacen en ese país es un coñazo carente de la más absoluta gracia. Y, por ello, condenado al más merecido fracaso. Feck, lo único bueno que ha dado Polonia al mundo fue Roman Polanski, y anda que no le faltó tiempo para huir y hacer el sórdido por el medio mundo que no le cerró sus fronteras.El idioma mundial es, en realidad, una propuesta mía y, como tal, sólo puede aportar toneladas de vicisitud y sordidez. Pero lean sus postulados y niéguenme que no tiene más gracia que la gilipollez polaca aquella.

1. El idioma mundial se compondrá de todas aquellas palabras que simplemente provoquen chanza, hilaridad y falta de respeto en el oyente. La palabra que designe cada objeto se hará por rigurosa competencia entre todos los idiomas. Por ejemplo:

¿Cómo decir “bomberos”?

Allá vamos. “Firemen”: una puta mierda. “Bomberos”, mejor. “Bombeiros”, mucho mejor. “Pompiers” ya vamos estando cerca de la verdad. “Pompieri” ¡Joder! ¡Los hijos de puta de los italianos siempre ganan!
Otra: “Patata”, sonoro. “Potato” me rio más. “Pomme de terre” ¡uh ah! “Patate” fracasa el italiano, pero nos la reservamos en su otra gloriosa acepción. “Kartofel” ¡Alemania estrena su marcador! Y no será la última vez: cosas como “Verbotten” o “Achtung” tienen todos los boletos para ganar.

2. El punto de vista válido para decidir la gracia de una palabra – y su consiguiente incorporación al idioma mundial – será el español. Lo que a un chino, con su pronunciación cacofónica, le pueda hacer gracia, me la refanfinfla enormemente (salvo el pueblo madrileño de Chinchón que para ellos significa “polla”). ¿Fascismo? ¿Etnocentrismo? No, hombre, no. Es sólo la fuerza de la razón. ¿O es que va a enseñarnos un finlandés a tener gracia? Eso sí, el palabro finlandés “Ravintola” para decir “restaurante” tiene plena cabida en el idioma mundial.

3. La pronunciación de las palabras no será respetada si ello hace que pierdan su gracia. Así, la aportación catalana “Amanida de pollastre” debe leerse así, sin decir un feo “pullastra”. Fonéticas a mi: destrozar un idioma sólo aporta belleza. Eso es el rock y hasta el cock-rock.

4. Los artículos se dirán en alemán – “das” “der” “die” qué maravilla – con la única excepción del francés “le” cuando se quieran enunciar gilipolleces realmente muy gordas.

5. Todos los verbos raros y expresiones rebuscadas que nos hagan parecer un pedante opusino decimonónico deben decirse en ingles: “whatsoever”, “for that matter” “furthermore” “Nocilla what a marvelous!”. Algo tenían que aportar esos clasistas asquerosos.


6. El crossover idiomático es aceptable y hasta obligatorio. Así, por ejemplo, toda persona que diga múltiples ocurrencias por joder – “pá epater à la bourgeouisie” que asín se diría en el idioma mundial – debería ser calificado con el crossover de “boutadeiro”. Conclusión de este postulado es que, siempre que se pueda, las palabras terminarán en “eiro”. Igualmente, todos los nombres propios deberían terminar en “de Jesús” y ser preferentemente alemanes: todos tenemos derecho a ser actores porno. Y, hablando de Alemania, no sólo se debe decir “autobahn” en vez de “autovía”, sino que, también, se deben acabar en bahn todas las palabras posibles, tal que el “autobusbahn” o el “ascenseurbahn”.

7. Los insultos, ofensas o palabras referidas a los genitales, podrán decirse en múltiples idiomas: son otra categoría. Eso sí, el palabro por antonomasia para referirse al pene será “carallo”. Todas las series y películas médicas deberán redoblarse, empezando por “House”. ¿A quién no le apetece ver a Hugh Laurie diciendo un “go to der carallo” a un paciente?

8. El idioma mundial no es políticamente correcto ni busca una participación igualitaria de todos los lenguajes, ya que creemos que eso de la diversidad cultural es una gilipollez parquetemática. Pos claro que hay culturas superiores a otras, y eso se manifestará en el idioma mundial: estimaciones previas demuestran que un 70% de este nuevo lenguaje será italiano (hagan la prueba y tengan los cojones de decirme que alguien puede toserle al idioma de Franco Batiatto), un 20% gallego y el resto se repartirá un mísero 10%. Que nadie vea, empero, nacionalismo en todo esto: por mi experiencia puedo decir que nada jode más a un nacionalista gallego que oír que su idioma “tiene mucha gracia”. En fin. Yo, por mi parte, me siento muy feliz de que la principal aportación de Galicia al libro de literatura española fuese “Follas Novas”. El regocijo que se extendió por toda España fue impagueibol.

9. Cuándo no se sepa qué palabro utilizar para referirse a algo – o no apetezca pensar mucho – se usará, sistemáticamente “carallo”. Por ejemplo: “libro de resguardo de albaranes de mensajería” será… sí, señora, será “carallo”.

10. La gente se saludará con un “salam maricón” y se despedirá con un “sayonara baby baby baby baby”.

11. El habla de Don Manuel Fraga Iribarne será considerada como dialecto válido dentro del idioma mundial.

12. Toda persona que viaje está obligada a prestar atención para procurar nuevos y excitantes palabros para el idioma mundial. En mi último viaje a Portugal lanavajaenelojo me sugirió incorporar “guardanapos” para decir “servilletas” y “tornaparafuso” para el “destornillador”.

13. Todas las aportaciones de Chiquito de la Calzada serán pilares indiscutibles del idioma mundial, y ni siquiera términos italianos podrán desplazarlas. Sólo el hablar de Antonio Ozores podrá complementar las lagunas dejadas por Chiquito.

Ya veis, entre todos podemos edificar el idioma mundial. La globalización está aquí y, joda al filólogo que joda, el planeta Tierra construirá su castrapo particular. Sólo cabe esperar que sea siguiendo los parámetros que aquí hemos propuesto. Sé que es mucho pedir, pero esa mezcla imposible de castellano y gallego que hablamos en Galicia es una muestra tan amorosa como insuperable de hacia dónde debería conducirse el mundo. A faros en las tinieblas como Xosé Toxeiro nos debemos. Con él – y la ilusión de un nuevo y maravilloso idioma mundial – os dejamos. ¡Atchon burike!

 

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