cine

Ator y su pandilla

Autor: Paco Fox

Vamos a dejar las cosas bien claras. Como a todo hijo de vecino, me gustan las buenas películas. De todos los géneros. Pero lo que realmente me llevó a interesarme por el cine es mi amor por el fantástico.
Cuando era niño, yo me lo tragaba todo. Pero todo. Desde ciclos de Mankiewicz hasta las pelis de Corman. Mi educación cinematográfica era una constante sesión doble entre los grandiosos ciclos de TVE y los videoclubes que proliferaron con la llegada de los VHS. Locales en los que, al lado de una peli de Michael Cimino, podías encontrar obras de la talla de ‘Super Rocky’ o ‘Fuga del Bronx’. Por lo tanto, no es de extrañar mi actual inestabilidad mental.
Por otra parte, y como decía, lo que realmente quería ver a todas horas eran películas fantásticas, concretamente de fantasía heróica. Yo había ido al cine al estreno de ‘El señor de los anillos’ de Ralph Bakshi y, sí, Balrog con careta chunga incluido me había impresionado y jodido al mismo tiempo: al grito nocillero de ‘¡dame más!’ me avalancé sobre toda carátula que prometiera algo similar. Pero, ay, dios mío: eran los 80.
Por aquellos años se estrenó ‘Cristal Oscuro’, esa pequeña obra maestra que confirmó mi adicción. Pero al mismo tiempo llegó ‘Conan’, que no me dejaron ver por ser para mayores de 16 años. ¿Qué me quedaba entonces? Aquí entran en juego los maravillosos italianos y los productores americanos de serie B con sus clones de combate, que se avalanzaron sobre mi pobre mente infante como depredadores.
Años más tarde, y gracias a ese regalo de los dioses freaks que es la mula, estoy rememorando con gran regocijo y sonrojo la era dorada de las pelis fantásticas malas. Y por Crom, vaya cosas me tragaba.

‘Ator el poderoso’ y ‘Ator el invencible’:
El primer clon de Conan que llegó a nuestros país vino dirigido por un grande: Aristide Massacessi, esto es, el amigo Joe D’Amato, que años más tarde nos regalaría la gran superproducción ‘Torero’, con Rocco Siffredi y muchas patatas. Recuerdo perfectamente el trailer del cine (pues, por entonces, estas cosas sí que pasaban por salas): ‘Ator: ¡Tú eres el hijo de Tor!’. Con dos cojones. Y tú sin darte cuenta.
La primera es realmente espantosa. Pero la secuela es ya demencial. Incluye uno de los mejores momentos de la desvergüenza cinematográfica cuando el gran Ator, intenta asaltar el castillo de los malos (exterior de toma aérea: Castillo de Neuschwanstein. Exterior toma tierra: castillo renacentista por determinar. Interior: Una caverna con pilares que vaya usted a saber qué sujetan). Nuestro impertérrito héroe se sube a una colina y, off-camera construye una cojonuda ala delta con dos ramas y un par de trapos. A continuación, se dedica a bombardear con armamento de manufactura propia el castillo. ¡Ator es McGyver y el profesor Franz de Copenhague en uno sólo!
Parece ser que hay dos películas más de nuestro héroe, ninguna de las cuales llegué a ver. La primera, ‘El guerrero de hierro’, apuesto a que es una película distinta: tiene otro director y, lo más importante, Ator lleva el pelo corto, traicionando la esencial estética bárbara Manowar. Es probable que se le llamara al protagonista ‘Ator’ para aprovecharse de la franquicia del personaje. Por qué alguien querría vincularse a ella es harina de otro costal.
La segunda es ‘Ator y la espada del Graal’, otra vez de D’Amato, pero sin el actor protagonista. Es mucho más difícil de ver, a pesar de que fue editada en España por Columbia video (¡?). Según parece, es aburridísima, pues pertenece a la etapa de decadencia del director previa a su resurgimiento en el porno. Y hablar de una etapa de decadencia en la obra del amigo Aristide es como mirar en la nevera de un piso de estudiantes: mejor no hacerlo.

‘La Conquista de la Tierra Perdida’:
Al contrario que el cachondo de D’Amato, el director de esta película sí que tiene sus fans. Lucio Fulci se hizo famoso pocos años antes de realizar esta pinícula (¡en coproducción con España!) por una serie de flims de terror que en su mayoría no tenían sentido. Y como vacaciones de tanta casquería e inicio de su decadencia (¡otra!), se marcó una de espada y brujería. O eso pensaría mi pobre madre, cuando cogió la película y en el videoclub a instancia mía y, a eso de los cinco minutos de empezar, a una buena señora en tetas la parten por la mitad. Unos veinte minutos y un poco de casquería más tarde, mi pobre progrenitora sacó la película de nuestro mastodóntico y entrañable video Akai.
Unos lustros más tarde conseguí ver el resto. Bueno, más bien intenté ver el resto. Porque el amigo Lucio se había dedicado, bien a rodar todo con una niebla que parecía que se le había caído la cámara en una cuba de aceite, bien a hacer escenas en cavernas que, más que verse, se averiguan. Probablemente por aquello de darle un halo misterioso a la película. Seguramente porque le daba vergüenza enseñar lo que pasaba delante de la cámara.

‘Yor, el cazador que vino del futuro’:
Algunos pensaréis que para qué hago un artículo tan largo, si luego, en vez de analizar las películas, me pongo a contar un par de anécdotas y a otra cosa mariposa. Pues para mostrar los posters, claro. Que esta gente era capaz de hacer la cutrez más espantosa, pero luego se descolgaban con unas carátulas de video cojonudas. Alquilar una película era como ligar con la de Juego de Lágrimas. Aparentaba mucho, pero luego te asaltaba la cruda realidad.
El poster de Yor no era tan chulo como el de las tres anteriores. Pero a mí me gustaba: un bárbaro y naves espaciales. ¡Qué más se puede pedir! Pues sí, unos pocos plagios de ‘La guerra de las galaxias’ y ‘El planeta de los simios’.
Yor (que ni era cazador ni venía del futuro) es una de esas películas que hasta su director, el irregular Antonio Margheriti, repudia. Y yo me acabo de dar cuenta de que es la segunda vez que hablo de ella en este blog. Y eso es una vez de más.

Cromwell, Rey de los Bárbaros:
Mi gran frustración infantil. Junto con Ator y la bastante decente ‘El señor de las bestias’, uno de los primeros clones de Conan que llegaron. Y, por algún motivo, ni pasó por mi pueblo ni llegó a mis videoclubes. Y claro, eso me carcomía por dentro. De entrada, el título me daba buen rollo. A lo mejor porque yo lo relacionaba con una superproducción histórica de cierta calidad que ya había visto. Además, a ver si lo averiguáis: efectivamente, el póster me parecía chulo. Un tanto chungo visto hoy, es verdad. Pero, coña, ¡que tenía ocho años!
Varios lustros después, y por gentileza de la mula y un tipo que utilizó unos codecs endiablados, por fin la pude ver. Ni más ni menos que la primera película de Albert Pyun. Y, según todo el mundo, la mejor. Claro que eso es como decir que ‘La hoz y el Martínez’ es la mejor de Álvaro Sáenz de Heredia.
Sorprendentemente, el flim no está del todo mal. Es menos cutre que lo que nos tenían acostumbrados los italianos y las producciones Cannon de la vida. Además, no quiero ni pensar cómo hubiese brincado en el sillón al ver la espada del protagonista, capaz de lanzar (sí, lanzar) dos de sus tres (sí, tres) hojas al desgraciado extra con turbante que lo atacara. Une a esto la gran frase final (‘¡Vámonos! ¡Se acerca una batalla! ¡Tenemos reinos que salvar y mujeres a las que amar!) y que uno de los malos es Bull de ‘Juzgado de guardia’ y ya tienes una estupenda tarde de cachondeo.

‘Deathstalker’ y otras series B de Roger Corman:
Después de que ‘El Señor de las Bestias’ y ‘Cromwell, Rey de los Bárbaros’ se presentaran como clones de combate de presupuesto medio, los bárbaros clembuterizados decidieron pasarse a la serie B más pobre. El primero de estos atentados es uno de los pocos que aun me faltan por ver: ‘Deathstalker’, una coproducción de Roger Corman con Argentina. Y con eso podría estar dicho todo. Pero, contra todo pronóstico, parece ser que no era un coñazo, sino un cachondeo total de proporciones vergonzosas, como demuestra un clip que viera por Internet en el que una especie de guardia gamorreano con careta de los veinte duros está golpeando a un desgraciado. Como le duele la mano, le arranca un brazo a uno que andaba por allí, y pasa a utilizar el nuevo instrumento para seguir machacando a su presa. Si el resto de la película sigue a este nivel, por favor que tengo que verla.
El flim tuvo varias secuelas, de las cuales he visto la tercera. Y es espantosa. Pero eso seguro que ya os lo imaginabais. Incluso algunos efectos fueron utilizados para ‘Wizards of the Lost Kingdom’, una nueva coproducción de la ‘conexión infernal’ (Corman-Argentina), en la que mi admirado productor ponía en marcha su deporte favorito de reutilización de escenas: también aparece el monstruo final de ‘Sorceress’, otra de sus producciones de espada y brujería que, encima, fue la última película de Jack Hill. Lo gracioso es que hasta hubo un ‘Wizards of the Lost Kingdom 2’ (estrenada en España en video y todo), así como la desvergüenza encarnada en celuloide que eran las dos ‘Barbarian Queen’, liviano pretexto para mostrar señoras en top less. Lo cual, bien mirado, tampoco es tan grave.

Las producciones Cannon:
La Cannon fue una apasionante productora de los 80 que se merecerían, no sólo un artículo aparte, sino también un par de hostias bien dadas. El caso es que se apuntaron con varias películas a la fiebre de espada y brujería. No hablaré de ‘Masters del Universo’ su gran superproducción que acabó precipitando su bancarrota. Sí que lo haré (lo siento) de ‘Los hermanos bárbaros’ y las dos partes de ‘Gor’.
Los hermanos bárbaros llegaron ya bastante tarde (en 1987), de la mano de Ruggero Deodato. Efectivamente: se trataba de una coproducción con Italia. No soy muy bueno en aritmética, pero si sumas caspa americana con cutrez italiana, el resultado más seguro sería hemorragia cerebral. Y, efectivamente, la película es bastante espantosa, con dos gemelos culturistas con pinta de porteros de discoteca ‘PK2’ (en todos los pueblos había una, sí señor) haciéndose los graciosos. Uno de ellos doblado por Ramón Langa, lo cual hace que toda la experiencia sea más surrealista si cabe.
De todas maneras, la película es tan poco seria que, al igual que ‘Cromwell, Rey de los Bárbaros’, se puede ver con el adecuado estado de humor y nivel de estupefacientes en sangre.
No se puede decir lo mismo de ‘Gor’ y su secuela, ‘Outlaw of Gor’. Según se dice, están basadas en una serie de novelas fantásticas de bondage. Toma ya. Y yo que creía que lo había visto todo. Aún así, tampoco es que haya mucha teta. Ni mucha acción. Ni guión. Vamos, que sólo hay vergüenza ajena, Oliver Reed trabajando por una botella de whiky y Jack Palance con un sombrero en forma de urinario.

La supermorralla ignota:
Hay muchísima caspa que no he podido ver (o recuperar) todavía. Tenemos por un lado ‘Ironmaster, La guerra del hierro’, una mezcla de Conan y ‘En busca del fuego’ de Umberto Lenzi (D’Amato, Fulci, Margheritti, Deodato, Lenzi… sólo falta Castellari y tendríamos a toda la caspa italiana de los 80 completita). Ésta la vi en su momento, pero no me traumatizó, pues sólo recuerdo que el tipo saca una espada de un volcán ya forjada y todo. Muy práctico. Los italianos atacaron con mucha bazofia más. En un intento desesperado por imitar a Conan, engendraron la desconocida para mí ‘Gunan el guerrero’, y los distribuidores españoles tuvieron toda la gracia (o poca vergüenza) de bautizar ‘Sangraal, la spada di fuoco’ como ‘La espada salvaje de Krotar’. Vamos, que de ahí a ‘Tronak el kárbaro’ hay sólo un paso.
Debo, al menos nombrar a la casi desconocida ‘Thor el conquistador’, así como ‘Hundra’, una coproducción hispano-americana que el Plus tuvo el detalle de poner, vaya usted a saber por qué, alrededor del 1992, y que no era del todo mala. Pero la peli de bárbaros más rara de todos los tiempos es sin duda ‘Tunka, el guerrero’. De ésta recordaba (cómo no) el póster de una vez que pasó en una matinal del cine de mi pueblo. Más tarde, averigüé que se trataba de una producción española. Incluso encontré la página web del protagonista y director, Dan Barry, comiquero pseudónimo de Joaquín Gómez Sáinz, desde la que vende la película en dvd y todo. ¿Podré resistirme a comprarla? Probablemente sí.

Alguna película presentable salió de toda esta locura de fantasía heroica. La ya nombrada ‘El señor de las bestias’ era bastante aceptable, no así la espantosa secuela (ante la falta de presupuesto, ¿qué mejor solución que hacer viajar a nuestro héroe al presente?).
También estaba Krull, que fue un intento de superproducción inglesa que se quedó a medio camino. Pero el director era competente (Peter Yates, el de ‘Bullit’), el presupuesto acompañaba y el diseño de producción no estaba mal. Una lástima que los elementos de ciencia ficción que se incluyeron no casaran del todo. Fallida era también ‘Tygra: Fuego y Hielo’, tanto por problemas técnicos como de guión. Pero es bonita de ver y la protagonista no está nada mal. Vaya por dios, ya estoy otra vez hablando eróticamente de un dibujo animado. Mi psiquiatra se va a cabrear.
‘El dragón del lago de fuego’ fue un intento de Disney de hacer un filme más adulto de lo usual, justo unos años antes del descalabro de esta tendencia con ‘Taron y el Caldero Mágico’. Una película muy buena, en la que, además, el dragón se zampa a Ian MacDiarmind, nuestro querido Palpatine.
Finalmente, la fantasía ochentera se cerró con el relativo fracaso de ‘Willow’, que enterró el género durante los 90, dejándonos a los fans tristes y cuitados a la espera de que un hobbit y un buen montón de ordenadores hicieran la obra definitiva. Lógicamente, cuando los que crecimos con Ator y su pandilla vimos a ese Balrog de la vida, nuestro amor explotó por todos los asientos del cine.

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