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Sordidez.

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Cualquier persona asocia el término “sordidez” con la imagen de un viejo que, en un bar portuario, mete mano a los chavalucos que están jugando al futbolín. Bueno, con esa imagen o con otra parecida. No, pensándolo mejor, vivo en el convencimiento de que todo el mundo piensa en pederastas portuarios a la hora de visualizar la sordidez. En qué si no.

Bueno, pues éste no es mi caso. Como persona portuaria que soy, prefiero obviar la existencia del futbolín y considerar la sordidez como la expresión máxima de la alegría de vivir. O, por lo menos, de tomarnos nuestra lamentable existencia con alegría.

Vean a continuación este vídeo que expresa a la perfección la esencia de lo que yo entiendo por sordidez:

 

“The hair, the look, the attitude”… Es todo tan gozosamente sórdido. ¿Os seducen los efectos de vídeo? ¿La convicción con la que Mr. T expresa su loable mensaje? Bien, toda la vergüenza ajena experimentada es la conclusión de la experiencia de la sordidez.

Otro ejemplo. Véase esta foto del Fary. Si la lección de Mr. T ha quedado suficientemente clara, lo único que se puede exclamar ante tal visión es un mayestático “¡SÓRDIDO!”.

Los ejemplos no tienen fin: Mayra Gómez Kemp en topless, Aznar en pareo, el video de Ricardo Bofill “Chabeli: enamorada”, el álbum de fotos familiares ochenteras de las infantas… Pero cuidado, ésta es sólo una de las formas más evidente de la sordidez. Hay muchas más. Por ejemplo, ¿cómo definiríais los tapetes de encaje encima de los sofás y televisores de tu salón (no me engañéis, todos hemos convivido con ellos)? Bien, la palabra es “Sórdido”. ¿Los pantalones a la altura del sobaco, cual actor porno alemán? ¿Jugar al bingo? O mejor aún ¿Despertar en la cama de un hospital y pronunciar “¡bingo!” como forma de vuelta a la consciencia? Creo que ya nos vamos entendiendo…

Por supuesto, podemos descender al matiz y negarle el beneficio de la sordidez a todo aquello ya asimilado por la contracultura – y por la cultura – con apelativos como “camp”, “kitsch”, “serie Z”… La sordidez auténtica, la que vale, la que emociona, no busca el reconocimiento de nadie, simplemente es sórdida porque sí. Cuando Camela emocionan a las masas con su “Corazón Indomable”, cuando Junco proclama en sus hits de gasolinera que querrá a su hijo aún no nacido aunque sea subnormal, no existe ironía, no hay falso cool, sólo sordidez en su máxima y sublime expresión.

Bienvenidos a este blog, lugar de celebración de la sordidez cotidiana. Esperemos que también seáis unos sórdidos cum laude. Y si no, al tiempo.

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